Hasta hace poco teníamos la impresión de que los asteroides en general eran piedras solitarias y aburridas que no podían dar muchas sorpresas pero este panorama está cambiando mucho en los últimos años. Asteroides con formas y órbitas extrañas, dobles, con cola, con materia orgánica o metales preciosos… Conforme vamos descubriendo más y mejoran las técnicas de su observación, vamos encontrando cosas que los hacen cada vez más curiosos, y nos dicen que quizás tienen más actividad de la que parece. Investigar es lo que tiene, siempre todo es interesante, sólo hay que saber mirar.

En este caso lo que se ha logrado ha sido observar la descomposición, en directo durante meses, de un asteroide. Esta no es la primera vez que se consigue, ya se han observado varios casos parecidos, pero no deja de ser sorprendente la casualidad (y la habilidad) de haber podido captar algo como las imágenes que encabezan este artículo.

En abril del año 2016, se detectaba en el cinturón de asteroides un cuerpo un tanto extraño, un objeto con una pequeña cola, que se bautiza como P/2016 G1. Los investigadores definen la órbita y ven que no hay imágenes previas de este cuerpo. Consiguen más tiempo de observación y van capturando imágenes a lo largo de los siguientes meses viendo cómo el objeto se va descomponiendo poco a poco hasta ser sus restos indetectables… ¿Cómo es posible? ¿qué ha pasado? ¿los asteroides se desintegran solos en el espacio?. Tras mucho análisis y estudio, este verano se publicaron las mejores hipótesis sobre estas imágenes por parte de sus descubridores. Según ellos parece que un poco antes del descubrimiento, en mayo de 2016, un objeto de pocos metros impactó con otro de entre 300 y 800 metros, indetectable para nuestros telescopios, en un choque con velocidades sumadas de alrededor de 18000 km/h. Ésto provocaría la desintegración paulatina del asteroide más grande en una masa de rocas y polvo cada vez más amplia, haciéndolo visible para los telescopios, creando la cola primero y luego un anillo de material que se esparciría por el espacio hasta hacerse indetectable. 

Los asteroides están en general a cientos de miles y millones de kilómetros de media unos de otros viajando a velocidades relativas pasmosas, por lo que una observación así no sólo es impresionante y sorprendente para alguien que entienda las distancias entre ellos, sino que es una oportunidad increíble para estudiar el comportamiento de estos objetos y quizás poder mejorar nuestra capacidad de defensa ante ellos. Así que ya sabéis, por aburrido que parezca a veces, no dejéis de mirar…

Me enteré de esto gracias a nuestro socio Marce Rubio via New York Times. El artículo original  de los investigadores con muchos más detalles e imágenes lo puedes encontrar en Astronomy & Astrophisics, y su versión de lectura y descarga gratuita en ArXive (que es la mejor versión de la ciencia que puedes leer).